Cuando escucho frases hechas, me queda la sensación de que no se quiere decir nada, y se rellena el aire con palabras. Me da una impresión de no estar comunicado, como si al hablar por teléfono me quedara hablando solo.
Por ejemplo, muchas veces he escuchado a muchas personas decir frases como “… mis virtudes y mis defectos, que tengo como cualquiera…”. Esa es una frase muy fácil de decir, y políticamente correcta. Quien la dice queda como alguien autocrítico y sensato; ubicado y con una perspectiva clara sobre su situación. Eso es fácil.
La parte difícil –siempre la hay- es entrar en detalles sobre esos defectos y virtudes. Sí, nombro ambos extremos porque también es difícil hablar sobre las virtudes que se poseen sin sentir que los demás nos van a ver como un engreído. Naturalmente, hablar concienzudamente de los defectos propios es muy complicado, pero aún así, voy a ser fiel a mi intención de honestidad y lo voy a intentar lo mejor que pueda.
Soy soberbio. A raíz de esto me cuesta bastante reconocer que me equivoco. Por eso intento racionalmente buscar primero los errores que cometo, para dejarlos expuestos y de esa forma hacerles frente. Pero por dentro me estoy puteando al no poder creer que los haya cometido. Y acto seguido, me castigo duramente por haber incurrido en ellos. Prueba de ello son estas líneas y las que siguen. No creo en la humildad, es un “producto” sobrevalorado e inútil, y sólo se expresa para agradar a los demás o para disfrazar socialmente el verdadero ser. Lo valioso es saber reconocer tanto limitaciones como potencialidades propias. A quien haga eso con honestidad innegable, le admiro profundamente.
Soy rencoroso. No olvido, nunca olvido. Me resulta imposible. Tengo memoria para las cosas buenas pero también para las malas. Por eso cuando me brindo lo hago honesta y cordialmente. Cuando me devuelven una respuesta que siento no merecer, me retiro; simple y directo, toda explicación está de más en esas ocasiones. Me molesta muchísimo que intenten convencerme de que soy el malo de la película por enojarme. Mucho tiempo reprimí esto, para ser aceptado por los demás y me sentí muy mal conmigo mismo por esta obsecuencia absurda. Si quieren pensar que soy rencoroso… bueno, lo soy y listo. Todos satisfechos.
Soy inexperto. Tengo cerca de 40 años y hay muchas cosas que no hice en mi vida, y otras que hice muy tardíamente como para que su efecto fuese preponderante. Sé claramente que estoy en desventaja con la mayoría de las personas que conozco, y eso me provoca una sensación de inseguridad que intento derrotar forzándome a ser siempre mejor, a superarme en lo que me toque hacer, y queda más que claro que lo logro pocas veces. Me fui de mi casa paterna a poco de cumplir 32 años. Recién luego de mi divorcio hace poco más de un año estuve expuesto a vivir solo y a resolver las cuestiones cotidianas que todos tienen que afrontar desde más temprano.
Soy nervioso. Mis uñas pueden dar buena fe de eso. Si bien no tengo vicios nocivos como fumar, tomar en exceso o drogarme, el aspecto de mis uñas me da mucha vergüenza. Nunca lo pude dominar, y supongo que estoy empezando a resignarme. Aunque sirva de poco, intento pensar que la angustia y los nervios o la tensión se canalizan por ese lado y después de todo no es peligroso para mí ni para nadie.
Soy irónico. He escuchado que es un defecto de alguien que se burla de los demás, aunque en realidad no sea mi intención. Algunas veces causa gracia, pero admito que muchas veces debo ser hiriente. Del mismo modo, cuando recibo ironías hacia mi persona, me potencio y duplico la apuesta indefinidamente, al punto de hacer que la otra parte se abstenga de continuar. No soporto que quieran herirme, respondo sin dudar y con decisión.
Soy inseguro. Doy muchas vueltas antes de dar un paso –por más ridículo que sea-, por temor a equivocarme y tener que lidiar luego con las consecuencias. Una vez que decido y avanzo lo hago trémulamente y lleno de dudas. Eso me da mucha bronca, y entiendo que es algo que nunca lograré cambiar, sino tal vez algún día aceptar.
Las virtudes que logro encontrar no tienen demasiado peso, para ser sincero. Soy ordenado y prolijo, soy amable en el trato general con los demás, y responsable en el sentido de que cumplo con mis obligaciones hacia otros. En general, poca cosa. No soy creativo, ni original. No tengo mucho que ofrecer, ciertamente. Soy promedio, con algunas cosas buenas como sentido del humor tal vez, pero no mucho más que eso. Soy honesto, en el sentido de que no puedo ocultar algo que pienso, termino diciéndolo más temprano que tarde. Me molesta también que no lo sean conmigo, sonrisas falsas o de compromiso me rompen bastante las pelotas, porque siento que me tratan de boludo. Soy directo, aprendí que eso me ayuda a liberar mucha tensión o bronca acumulada.
No soy nadie especial, ni mejor ni peor que otros. Inclusive veo más claro mis defectos que los ajenos. Y ya aprendí a diferenciar varias cosas que me hacen mal; solamente intento elegir aquello que creo que es mejor para mí.
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