Memorias de un desocupado

Decenas de personas. anses-400Parado en la vereda, siento el golpe: soy un desocupado oficial. ¿Me tendrá en cuenta Moreno para el INDEC? ¿Y si le mando un CV? Bueh… volviendo a la Tierra, la fila avanza más rápido de lo que esperaba, para ser honesto. Una señora con aspecto de cansada de trabajar (ejem, son las 08:30 de la mañana… “…cansada de qué???”) nos recibe de a uno, nos da un numerito y nos indica para qué lado ir. Segunda fila-amansadera, para ”acreditar” nuestros datos en la ANSES. Me suena a presentar documentos diplomáticos. A veces es risueña la nomenclatura de los entes oficiales. Como si nuestra realidad fuese ideal. Otros treinta minutos, llevaderos por un buen libro que me acompaña (hombre precavido vale por dos). ¿Y si grito “Bomba!” para que salgan corriendo así me atienden más rápido?  Mmmhh.. no. Probablemente su elevado nivel de entrenamiento en huir del trabajo haga que sean los primeros en atravesar la puerta de salida…

Finalmente, la voz mágica que llama: “Sesenta y cinco !!!”. Siento que soy “the one” como Keanu Reeves en “Matrix”… ”Sí ! Acá!”. personal_branding_2Salto como si no fuesen a esperarme, ejem. Saludo, explico mis pretensiones, y luego de algunos teclazos, la amable señorita me dice: “Pero… vos ya figurás en sistema. No hace falta que acredites nada.” Aaaah… resignándome, agradezco y me retiro. El tiempo del desocupado no cotiza en bolsa, parece.

Camino lento. ¿Para qué apurarme? Para apurados están los demás, incluyendo al chofer del 109. A poco de llegar a casa, me bajo antes. Recordé que hacían falta algunas cosas del super y decidí ponerme al día. Pensé: “¿Habrá tanta gente como en la ANSES?”… casi. leon-preocupadoAaaah …el fantasma de la resignación ya se me está haciendo familiar. Atrapo un changuito (obsérvese: “ito”) y comienzo el recorrido. Hay vida de lunes a viernes de 9 a 18… Suena a documental de National Geographic. Aunque hay gente, la cajera tiene pilas, le pone garra al asunto y salgo bastante rápido de ahí. Muchas gracias Don Alfredo, el veinte de descuento me viene bárbaro realmente. En mi interior prefiero negar que anoche le subieron un 25% a todo…

Al llegar, me preparo para una entrevista pactada desde el día anterior. Al parecer, estoy vivo. El pantalón del traje todavía entra. Mejor dicho, todavía entro en el pantalón del traje. Al primer intento, no me sale el nudo de la corbata. Ay ay ay… Los zapatitos no me aprietan ni las medias me dan calor. Lo que me da calor es el sol que me pega de frente mientras camino hacia la parada del bondi, que por suerte viene flojito. bondi-152Es razonable, la mayoría de la gente ya fue para ese lado temprano a la mañana. Finalizado del encuentro, me escabullo en el bondi de vuelta, logrando un asiento. Llego a casa, me cambio, colgando el disfraz de muñeco de torta. Ordeno lo poco que esté desordenado y que durante la mañana no tuve ganas de poner en su lugar. La tarde es joven todavía. Parezco un viejo choto. En fin, miro alguna película. Tiempo es lo que me sobra. Busco ofertas de trabajo en internet, no vaya a ser que me malacostumbre. Esto de vivir sin relojes tiene su gustito después de todo. dinero2Lástima que no podamos hacerlo obteniendo al mismo tiempo el vil metal. Bueno, después de todo, ahora tengo tiempo para encontrar algún camino hacia eso… no es cuestión de desesperarse sino de aprovechar lo disponible. ¿Qué pasaría si me ofrecieran un empleo rápidamente? ¿Debería agarrar lo que venga sin tener el descaro de elegir “esperar algo mejor”? Menuda pregunta.

 

Sinceramente, no tengo respuesta. 

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