Sueños

No soy de soñar frecuentemente. Mejor dicho, no suelo recordar mis sueños frecuentemente. Últimamente lo he estado haciendo mucho, al punto que me volqué a escribirlos antes de olvidarlos.

Esta página no ninguna intención más que el narrar esos sueños que en los últimos años me han llamado la atención. Hago esta aclaración, porque ese es el único sentido que van a encontrar en estas líneas. Todo lo demás, viene de regalo…

Dicen que los sueños representan deseos reprimidos, temores, experiencias vividas que dejaron una marca, y muchas cosas más. Nunca me puse a pensar acerca de qué representarían los míos; mi intención hoy por hoy es compartirlos, de manera de provocar en el lector ocasional quizás una sonrisa, quizás una mueca de asombro. Y si puedo, intentaré algún comentario aclaratorio o la fecha en que los soñé.

Algunos son cortos, como los primeros que voy a publicar, y otros no tanto. Queda a criterio del lector cualquier tipo de interpretación que de ellos se pueda hacer. Aquí van:


Sueño 1 (En algún día de 1983):

Estaba yo parado en una playa inmensa, muy plana, anchísima y muy larga. La arena estaba mojada, como cuando las olas acaban de retirarse. No obstante, no alcanzaba a divisar dónde estaba el límite del agua. Se veía la superficie brillando por el reflejo de la luz solar, que a pesar de llegar a través de nubes, podía lograr aquel efecto. De fondo, y sobre el lado derecho de mi ángulo de visión, se veían montañas lejanas, y aunque no demasiadas, podía verse que eran varias, todas más o menos de la misma altura. Entre ellas, como desapareciendo por momentos, circulaba lentamente un colectivo 160, yo sabía que era rojo, aunque no podía distinguir claramente si tenía pasajeros. Se movía de izquierda a derecha, y estaba lejos, pero era visible. Más desde el centro de mi vista, y en dirección hacia mi costado derecho, se veía una interminable fila de carretas tiradas por animales que parecían ser bueyes. Cada carreta tirada por un buey, Todas casi idénticas entre sí, todos los bueyes del mismo tamaño. No tenían conductores, pero circulaban en perfecta línea recta, y sin emitir sonido alguno. Pasaban a mi lado, y se perdían de mi vista caminando por mi lado derecho hasta pasarme. Yo permanecía parado, y de pronto apareció Horacio, un amigo de la infancia, que sin decir palabra alguna, me señalaba el punto desde dónde venían las carretas, como indicando algo.

Fin del sueño.

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Sueño 2 (18.06.2007):

Vero y yo íbamos en camino a una cena o reunión de noche, y éramos de los primeros en llegar al lugar. Allí estaba Oscar (un compañero de trabajo de mi época en el banco, en el cual trabajé varios años), que recientemente se había casado. Él me saluda amablemente como de costumbre entre nosotros y me dice: “Ella es mi señora, Laura”. La flaca, morocha y medianamente alta, en lugar de darnos un beso (que es lo que cualquier persona habría esperado), me extiende la mano de una manera altanera y luego de saludarme a mí, le extiende la mano a Vero. Conociéndola a Vero, noto claramente su peor cara de culo y pienso: “y ésta quién se cree que es?”. Oscar nos cuenta (sin notar el pequeño incidente) que se están por ir a Europa de paseo; ella no habla, como si no quisiera estar en contacto con nosotros. Él me cuenta entusiasmado (y sinceramente feliz por ello) las ciudades que van a visitar, que curiosamente no eran las capitales que uno supondría (París, Londres, Roma, etc).

Fin del sueño.

Sueño 3 (22.06.2007):

Aclaración previa: tengo la costumbre de escribir en la computadora el sueño que acabo de tener para poder recordarlo posteriormente.

Teniendo un sueño, me levanto a escribir el sueño en la computadora. Salgo por la puerta del dormitorio de casa, y cuando empiezo a doblar para ir al pasillo levanto la mirada y veo entre la oscuridad y las penumbras a Kirsty (cuñada escocesa de Vero, quién ya nos ha visitado un par de veces) quien me miraba fijamente con una sonrisa extraña. Me llevo el susto de mi vida, todavía hoy se me pone la piel de gallina. Le digo: “Kirsty, qué hacés acá?” y ella me responde: “Llegamos hace muy poco.”. Luego sale de la cocina Dani (esposo de Kirsty y hermano de Vero), cagándose de risa como es típico en él. Le muestro que estaba por escribir un sueño en la computadora y cuando quiero encender la PC de escritorio ésta no arranca, mostrando un mensaje raro en la pantalla. Kirsty lo mira y me dice junto con Dani, que es un tema de la batería. Yo le respondo: “Cómo puede ser? Si la que usa batería es la notebook, y no ésta?”. Ella me responde:”La PC utiliza una batería que se debe haber gastado y que tenés que reemplazar”.

Fin del sueño

Sueño 4 (30.06.2007):

De alguna manera, me encuentro a mi mismo en una especie de laboratorio o consultorio y la situación es que me entero de que me acaban de realizar un trasplante de corazón. En lugar de mi corazón, tenía un aparato cuadrado, hecho de algún metal aleación como el titanio o algo así. No latía en realidad, sino que tenía un motorcito dentro que hacía circular la sangre. Es decir, yo no sentía latidos, sino un zumbido muy, pero muy suave, casi imperceptible. Supuse por este detalle, que estaba bien diseñado y traté de sentirme tranquilo (?) con eso. Me tenía que callar y hacer silencio casi total para sentirlo. Nunca me enteré de la operación porque ni sabía que iba a tener que hacerme un transplante. Me dijeron que una noche me fui a dormir, mientras dormía me pusieron una mascarilla para anestesiarme y que para mí fue todo como dormir tranquilamente una noche normal. Le pregunté al doctor que estaba allí conmigo, que no podía creer cómo podía haber sucedido eso, si yo no tenía cicatriz alguna, mientras con mis manos tocaba mi pecho sin poder encontrar rastro alguno de la operación.

Fin del sueño.

Sueño 5 (24.12.2006)

Estaba yo parado en el umbral de la puerta de la oficina de Gustavo, que da a la canchita de fútbol de la fábrica. Es decir, desde ese punto de vista podía girar la vista hacia la derecha y miraba hacia el interior de la oficina. Gustavo estaba trabajando en su notebook concentrado. César estaba sentado frente a su escritorio, charlando con él. De una puerta interior que da al laboratorio, aparece Federico, quien con una sonrisa y luego de explicar el porqué de su disfonía, con una voz finita y cagándose de risa, dijo: “Me voy a laburar arriba”.

Miro hacia la izquierda y veo en la canchita de fútbol (que tendrá unos 50 mt de largo por 35 de ancho) un automóvil BMW amarillo modelo bastante viejo con cuatro personas en su interior que circulaba de aquí para allá a través de la cancha. Noto que el conductor estaba aprendiendo a manejar, porque los movimientos eran un tanto dubitativos. El suelo estaba medio embarrado, y al doblar se sumaban la falta de adherencia y la falta de experiencia del piloto, entonces el auto “coleaba” y se iba contra las paredes, golpeándolas. No se veía claramente quiénes ocupaban el auto, pero yo tenía la idea de que eran amigos de Olivier. En una de ésas vueltas, se dan contra uno de los árboles de limones que hay en el predio, y les caen varios en el capó del auto haciendo bastante ruido. Ellos se reían ruidosamente, como si estuvieran borrachos. No se preocupaban por los daños que ocasionaban. Yo le decía acerca de esto a Gustavo y él se reía diciéndome: “… dejalos que se maten… si rompen algo que se jodan…”

Fin del sueño.

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Sueño 6 ( 05.07.2008 )

Iba caminando por una avenida ancha, yo tenía la sensación que era por la zona sur de la Capital Federal, por el aspecto un poco descuidado de las construcciones que veía. Estaba contento porque éstaba usando unas zapatillas nuevas que había buscado por un buen tiempo, y que resultaban muy cómodas para caminar. A partir de un cruce con otra avenida, el aspecto se puso aún peor. Me recordaba fuertemente a una cuadra de la Av. Pavón en Avellaneda, cuando nace en Mitre y antes de la bajada del puente Pueyrredón. Edificios casi en ruinas, negocios abandonados hace décadas, rastros de una época próspera ya inexistente. Comencé a preocuparme un poco porque temía que me asaltaran, el ambiente era bastante denso, y a metros de la primera cuadra que me tocó caminar, encuentro una parada de colectivos donde había una pequeña fila de cuatro o cinco personas. Allí paraban el 108 y el 92, que me deja a la vuelta de casa. Pensé: “…buenísimo… espero unos minutos y me voy…” Mientras miraba alrededor, veo que a unos cuarenta metros, parado en el medio de la avenida, y como esperando en esos semáforos de cruce especial a la izquierda, había un colectivo 92 quieto. Corro esos metros, mientras me acercaba, ví que parado en el estribo de la puerta delantera había un tipo que a medida que yo me acercaba me miraba fijo. A unos pocos metros del colectivo, el tipo gira la cabeza hacia adentro, le comenta algo al chofer y se baja justo antes que yo llegara. Cuando llego y subo, me doy cuenta que es un colectivo de los viejos, de aquéllos con trompa finita y muy pocos asientos. Cuando le pago el boleto al chofer, me doy cuenta que no tiene máquina expendedora, sino que me cobra como se cobraba antes, juntando las moneditas de un tablero de goma que tiene ahí. Me da un boleto, tambien de los de antes, busco un lugar y me siento en esos asientos dobles, junto a la ventanilla. El colectivo es redondeado por dentro, y revestido de formica blanca, los asientos son muy chicos y me resultan un tanto incómodos. Me siento aliviado porque sé que es cuestión de un rato para llegar a casa y estar a salvo.

Fin del sueño.

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Sueño 7 ( 11.02.2009 )

Verónica y yo estábamos sentados uno al lado del otro, en diferentes sillas, compartiendo un escritorio que si bien se suponía que era para una sola persona, era lo suficientemente ancho como para que los dos estuviésemos cómodos. Era un escritorio como de oficina, y aunque no veía bien los detalles, tenía los elementos típicos: monitor, calculadora, calendario, impresora, etc. Es decir, un escritorio de trabajo. Por alguna razón, ese escritorio se movía junto con nosotros hacia nuestro frente, como si fuese un vehículo, pero sin pegar saltos ni nada, sino fluídamente. En un momento me doy cuenta que estamos avanzando por una calle cerca de casa, e identifico claramente que es por la calle Guise en dirección a Charcas (a esa altura ésta última es un boulevard). Cuando estamos llegando a la esquina, empiezo a notar que hay muchísima gente caminando apuradamente, inclusive corriendo. Como si estuviese por ocurrir algo muy grande. Ya que el escritorio se había detenido, no sé si por nuestra voluntad o por la cantidad de gente, decido pararme y bajarme para seguir a pie. Vero queda en el escritorio sola y yo decido avanzar para explorar. Mientras caminaba, volteaba la mirada hacia atrás y al mirar a Vero sabía que estaba cometiendo un error al dejarla sola, como expuesta y sin poder defenderla ante el caos de gente. Pero por algún motivo sentía que tenía que avanzar a buscar algo. Seguí caminando y de repente me encontré en una suerte de patio central enorme, como de los colegios católicos. Tambien aquí había mucha gente a las corridas, pero no eran del lugar. Avanzando con dificultad entre la gente, siento que un muchacho empieza como a empujarme y a agarrar una mochila que yo llevaba, como queriendo robarme. Comienzo a tirar manotazos, él insiste, y logra sacarme algo, que no distingo porque enseguida lo mete dentro de su campera o buzo. Se me escapa unos metros, empiezo a correrlo, y él se sale de ese patio enorme, entre unas columnas enormes que lo bordeaban, del otro lado de la fila de columnas había como una pendiente de pasto, y al correr por ahí empieza a acelerar de una manera que me hace sentir que no lo voy a poder alcanzar nunca, porque es mucho más rápido que yo y no tiene caso que lo persiga. Siento que tengo que dejarlo ir y no malgastar mis energías en él.

 Fin del sueño.

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Sueño 8 ( 22.03.2009 )

Estábamos en una laguna o bahía, y a bordo de un barco pequeño, como para unas 20 personas. Estaba Verónica, y había otras personas  que supuestamente conocíamos pero que no lograba identificar. El barco tenía como una escalerita en la popa, para que bajáramos a nadar. Yo bajé y empecé a nadar un poco cerca del barco mientras los demás quedaron conversando y bromeando entre ellos, pudiendo yo escuchar las risas. Estaban distendidos, difrutando de comida y bebidas. En un momento siento que algo me toma el tobillo izquierdo, de alguna manera siento que es un animal o algo muy grande porque sentí que tenía una fuerza tremenda. No me sumergió, ya que en todo momento podía mantener la cabeza fuera para respirar, aunque al intentar pegarle patadas con el talón derecho, sentía que era totalmente inútil. Ni siquiera había respuesta a mis intentos, y de ahí yo sabía que el animal o lo que fuere, ni se molestaba en reprimirme porque sabía que yo no podía hacer nada el respecto. Eso me aterrorizó, me sentí totalmente indefenso. De tanto en tanto, pegaba ciertos tirones muy fuertes sin sumergirme, pero como para darme a entender  que cuando quisiera, me iba a hundir y yo no podría hacer nada para evitarlo. Esa fue justamente la sensación  que me quedó, y sabía que cuando ocurriera, era el fin. Los demás en el barco no se daban cuenta de qué estaba pasando, y seguían conversando y riendo. Para ellos, estaba todo bien y yo estaba nadando. No podía gritar, ya que trataba con desesperación de respirar lo más que pudiera, y mientras, pensaba que en algún momento me iban a preguntar porqué no volvía al barco y que al no poder responderles iban a darse cuenta de que algo estaba mal. Solamente esperaba que eso sucediera antes de que me sumergieran del todo.

Fin del sueño.

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 Sueño 9 ( 25.03.2009 )

Caminaba por Almagro, a unas pocas cuadras de Gascón y Córdoba, creo que estaba en la esquina de Gascón y Humahuaca. Iba a un kiosco, a comprar algo, quizás galletitas. El que atendía el kiosco era un tipo gordo, medio petiso y bastante desalineado. Se notaba que transpiraba bastante y la ropa que tenía no estaba del todo limpia. Pone un manojo de llaves sobre la mesa y sobre él, un paquete de galletitas o algo parecido (no muy grande). Me dice:  “Acá tenés, esto es tuyo” como dándome a entender que se me habían caído las llaves del bolsillo. Como en ese momento no podía cerciorarme inmediatamente de que tenía mis llaves y no podía ver bien si eran las mías porque estaban debajo del paquete, las acepté y salí caminando. Mientras daba los primeros pasos, enseguida comprobé que tenía mis verdaderas llaves en mi bolsillo como siempre, y luego las llaves que tenía no eran mías. Como había notado algo raro en la manera en que me daba las llaves, volví y haciéndome el tonto, le dije: “Disculpe, pero debe haber algún error, porque estas llaves al final no son mías”. El tipo acepta las llaves que les devolví, y me dice: “Bueno, mirá … éstas son las que tengo”. Y saca un montón de llaves y llaveros como recolectados en bastante tiempo. Me dice: “Cuáles son las tuyas?” Seguí notando que quería que le dijera algún dato y sentí en ese momento que el tipo trataba de saber qué casa podría abrir con esas llaves, para robarlas. Le dije:  “La verdad, estoy parando en la casa de unos tíos míos, y no recuerdo bien cómo es la llave, tendría que llamarlos o que vengan a ver ellos.”  Sentí  que ese momento era una especie de pulseada entre los dos, como que ambos sabíamos que el otro estaba mintiendo pero no podíamos decirlo abiertamente. Me dio una llave sola, y me dijo:  “Fijate si es ésta”. Ahí entendí que si me daba una llave sola era la llave de una casa y no de un departamento, con lo que pensé que buscaba reducir las posibilidades para encontrar el destino. Al salir del kiosco, el tipo salió también y se subió a una camioneta pequeña, y empezó a seguirme algunas cuadras, ya que siempre lo veía en alguna esquina. Yo pensaba: “Tengo que denunciar a este tipo, pero cómo hago? No conozco a qué casa pertenece esta llave, ni ninguna de las que tiene él. Tampoco conozco a los dueños de esta llave, y si voy a la policía y les digo lo que ví y lo que sé, van a ir al kiosco, y el tipo va a esconder todas las llaves y negar todo, y lo peor va a ser es que va a quedar en evidencia que sospecho de él.”

Fin del sueño.

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Sueño 10 ( 31.03.2009 )

Me encontraba en una casa ajena, ubicada cerca de casa, tengo la impresión de que era una esquina amplia de esas que se dan entre dos avenidas. La casa se ubicaba justo en la esquina, que además no era de las habituales de noventa grados, sino que formaba un ángulo más agudo entre sus aristas. Por algún motivo, había una reunión o fiesta. Los ventanales estaban bien abiertos y entraba una brisa espectacular. En un mueble de living del tipo de los que cubren una pared completa, había una colección de libros, algunas copas se veían a través de sus puertas de vidrio transparentes. No conocía casi a nadie en la reunión, me sentía un invitado poco conocido pero sentí buena onda en el ambiente y esa sensación me gustó, me ayudó a relajarme. En un momento apareció una chica que yo conocía, que fue compañera mía durante la cursada en la facultad, cuyo nombre es Valeria. Se acercó y me saludó con una sonrisa, mientras a mí se me caían un par de libros al piso, por distracción y algunas fotos se esparcieron ante nosotros. Ella se inclinó al mismo tiempo que yo, y mientras veíamos las fotos, nos reíamos. No recuerdo de qué eran esas fotos, pero sabía que aunque podría aparecer en alguna, no me pertenecían, por lo que intentaba devolvérselas sin mirarlas demasiado. Súbitamente, y sin explicación, noté que ella estaba parada más lejos de lo que yo había pensado inicialmente, es decir, a unos metros de distancia. Aunque por su actitud, no había cambio alguno. Casi inmediatamente, escuchamos un estruendo impresionante. Como si hubiera ocurrido un derrumbe o algo así. Todos alarmados, salimos a la amplia vereda a mirar y tratar de deducir qué había pasado. Con incredulidad y negándome a aceptar lo que mis ojos me mostraban vi que del cielo caían camiones. Sí, llovían camiones, que mientras aterrizaban destruyendo todo a su alrededor y haciendo un ruido tremendo, daban la impresión de ser enormes masas de acero inapelables, que aplastaban lo que hubiese en el lugar donde caían. Con el pánico cundiendo entre todos, intenté serenarme, respiré profundo un par de veces para que el oxígeno entrara en mi cerebro y me ayudara a pensar con claridad. Escuchamos el ruido de un helicóptero y pude verlo a la distancia, era muy grande y parecía moderno. Valeria dijo que nos venían a buscar, pero en realidad me di cuenta que las maniobras que hacía el piloto no eran de aterrizaje normal, sino como para reducir lo más posible los daños ya que no lograba controlar la máquina. Le grité esto a Valeria, y la tomé del brazo para tirarla hacia atrás, logré que entendiera y le dije que corriera. Quise hacer lo mismo, pero sentí que tenía los pies hundidos en algo blando, como si fuera arena mojada o cemento fresco. Es decir, quería correr pero sentía impedimento, me movía muy lento. Sabía que los camiones seguían cayendo y el riesgo de que el helicóptero me cayera cerca era más grande, las aspas podían alcanzarme. Sentí mi corazón bombeando tan fuerte que pensé que iba a saltar de mi pecho. No obstante, intenté frenar mi desesperación, y me incliné a mirar mis pies y buscar una solución. Sabía que podía escapar perfectamente si lograba zafar de eso que me atoraba.

 Fin del sueño.

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Sueño 11 ( 30.07.2009 )

Estábamos Verónica y yo acomodando nuestras cosas, era el primer día luego de habernos mudado a una casa de dos plantas recién hecha (inclusive había ciertas cosas todavía no finalizadas en la obra). La casa estaba en la ciudad de Colonia, en Uruguay. desde lo más alto, teníamos una buena vista del río. Yo pensé: “en invierno, acá va a hacer mucho frío, no sé si lo vamos a bancar…” A medida que sigo mirando el río, noto con mejor detalle el oleaje que llega, que era bien fuerte, y cada vez más grande. Había algunas personas sentadas a la orilla que parecían no darse cuenta del peligro. De pronto, aparezco en la orilla, y empiezo a sentir miedo, porque a lo lejos veo una ola enorma, de varios metros de altura. Me digo: “cómo puede ser esto, si es el río y no el océano”. Empiezo a correr en sentido opuesto y les grito a todos que corran, pero muchos no reaccionan del todo y algunos me miran medio extrañados. Sigo corriendo, y noto que cada vez hay mñas edificios altos, cosa extraña en Colonia, porque son todas casas bajitas. Escucho el ruido tremendo del agua golpeando todo, veo destrozos casa vez que miro hacia atrás, y sin darme cuenta me veo entre corriendo y saltando entre techos de edificios casi contiguos. Ni idea de dónde había sacado la habilidad para moverme así, parecía como de película, pero lo hacía con normalidad. A varios pisos ya de altura, noto que cerca mío viene haciendo lo mismo un amigo de la infancia, Jorge. Le grito que se apure, y siento que la única manera de salir de ahí es seguir subiendo. Siento que Verónica está segura, aunque no la veo en ningún momento.

Fin del sueño.

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Sueño 12 ( 30.07.2009 )

Volvía a casa caminando con una par de bolsas en la mano, había comprado unas cosas que necesitábamos en casa. Venia caminando por la calle Charcas, por la cuadra que tiene boulevard, hacia Coronel Díaz. Veo un movimiento inusual en la esquina de Charcas y Coronel Díaz, todos mirando en dirección a casa. Cuando llego a la esquina, veo que a media cuadra, a la altura de la puerta de casa, hay un montón de gente, en dos grupos, a los gritos. Es una pelea muy fuerte, parecen dos bandas como de delincuentes o traficantes. Es una situación muy tensa, y se nota que hay mezclado racismo en ella. En un momento pensé: “le voy a avisar a Vero que no venga, y si está arriba, que no baje”. Enseguida veo algo que me deja helado: alguien saca un arma larga, como de guerra y empieza a disparar; veo el fogonazo largo y repetido, supongo que era una de esas armas automáticas. Veo mucha gente corriendo para todos lados, pero algunos responden el fuego con otras armas, y es una batalla con tiros a mansalva. Noto gente cayendo al piso, aunque sé que parado en la esquina no me va a pasar nada. Luego de algunos minutos, queda todo quieto, llega la policía y empieza a volver el orden. Intento acercarme a casa para subir y ver si Vero está arriba. Un policía me detiene y le digo que vivo ahí, me intenta decir que pasó algo sin importancia, y cuando estoy por decirle que no me mienta, pienso: “si le digo que vi todo, me llevan como testigo”. Entonces cierro la boca y asiento con la cabeza, mientras me hago lugar para pasar por la puerta entre la cantidad de policías, periodistas y curiosos.

Fin del sueño.

 

 

Una respuesta

  1. Dicen, y así lo creo por propia experiencia, que los sueños, y no todos, sólo le hablan al soñante, que pueda o quiera interrogarlos, pues su material proviene de una historia de vida única; y únicos son sus posibles significados, sus símbolos, sus mensajes, que solamente “leerá” su autor. Los ocasionales lectores, disfrutando la variedad de imágenes, emociones, climas y comentarios podremos nada más ,entrever fugaces visiones de ese jardín que es el alma del que sueña.Podremos también atizar nuestra propia fantasía con ese material,pues el efecto mariposa se da en todos los terrenos. A mí me pareció delicioso el sueño del trasplante de corazón, y me provoca sensaciones que aún no puedo descifrar.

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